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Ariel Barrios

EL RETRATO ORIGINAL

 

 

   
 

 

Puedo comenzar de numerosas formas este relato, como lo he hecho con algunos otros. Tengo el valor suficiente para hacer un discreto ademán de no finalizarlo y así lograr en vos, lector, la perpetua duda sobre la razón por la cual tenes el curioso instinto de leer estas líneas.Puedo describir circunstancias tristes y aberrantes. Continuar con las que no poseen importancia aparente, para concluir con los pocos momentos alegres que recuerdo con dificultad. Cambiar totalmente la semántica de mis escritos y la estructura literaria para la que estoy acostumbrado a expresarme a terceros, logrando enumerar situaciones felices que rara vez me identificaron, seguir con las acciones que ya a nadie importan, y concluir con las incontables perversiones, tanto físicas como mentales, en las que alguna vez participe como ejecutor o victima.

Me doy el gusto de acentuar mi humilde descripción como la de un discreto vencedor de múltiples y agobiantes fracasos; que me han atacado en los momentos más significativos de mi juventud. Fracasos que en su momento trajeron como consecuencia las distorsiones más inexplicables en la mayoría de mis acciones y estados.Luego de haberme arrastrado por todos lados y concretar los documentos de mis vivencias en ambos sentidos, con una u otra variante que nunca logre entender, llegue a participar de actividades manuales y mentales variadas, sin haber sobresalido demasiado en ninguna. Estoy más que seguro que ambas van de la mano y me he esforzado mucho descubriendo la belleza y espiritualidad dedicando mi tiempo libre, que recuerdo se ha extendido mucho, en hacer retratos de personas.Imagine, y es un sentimiento que ferviente guardo en mi interior, que encontraría alguna especie de equilibrio observando a las personas que tuviese, yo y solo yo, la oportunidad de retratar.Dentro del singular magnetismo que pudo llegar a proporcionarme la observación descubrí que ese equilibrio que algunas personas alcanzan, tienen un preciso camino de encuentro; un camino por el cual, con toda la pasión que pueda expresar, deseo encontrarme peregrinando.Comencé a concurrir a un estudio de arte ubicado en el lado este de la ciudad, no muy lejos de mi departamento. Allí manifestaban sus gracias los artistas más notables y dentro de ese clan he podido infiltrarme de forma cómoda y muy discreta. Una discreción a la que nunca le di la importancia que se merecía y que luego de la ya mencionada inserción, cobro un estado lo suficientemente complejo como para lograr la simple disipación de mi arte.Durante bastante tiempo he sido un entusiasta artista en la observación detallada de rostros, arrugas, cabellos y curvas; unas atacadas por un tiempo siempre egoísta y caprichoso, otras con tal sensualidad que rara vez podían reflejarse en una pintura.Después de dos años logre declararme, gracias a la crítica de los compañeros con más experiencia que yo, unbuen artista.El día mas normal que vos puedas imaginar, al que yo lo hago como el comienzo de una clara tarde de otoño, se acerco a las oficinas del estudio una modelo con disposición de posar para nosotros. Allí estábamos en el objetivo de retratar a la joven, en ese mismo instante cavilé sobre las numerosas atribuciones humanas que poseía (o mas bien que fluían de mi alma de artista) en el momento antes de comenzar una pintura. Pude introducirme con gran facilidad en mi basto interior artístico. Logre dejar dentro de mi maletín todas las preocupaciones, los ruidos, la ciudad y el pasado, que rara vez se escabullían en los chispeantes movimientos de mis manos cuando tenía el objetivo de comenzar una pintura.Ella se acerco, como distraída, y se paro frente del sillón de terciopelo amarillo, que era uno del los tres que poseía el estudio. Por un momento meresulto extraño como fue la joven la que escogió el lugar exacto para mostrarse sin esperar recibir indicaciones de nadie. Momentos antes de acomodarse definitivamente, se despojo de la bata que la cubría.Me entregue, por un instante, a la sutil alucinación de percibir algún gesto de rechazo o vergüenza en su rostro; algún ademán de inquietud en sus manos o rastro de nerviosismo por encontrarse bajo la mirada minuciosa de, casi, una docena de extraños.No encontré nada de lo descrito anteriormente, pues, tanto su mente como su cuerpo parecían encontrarse relajados (por lo menos esa es la impresión que me daba) sobre el sillón de terciopelo amarillo.Durante un periodo de dos o tres minutos me limite a observarla para así cautivar y emprenderme en el más difícil objetivo, el ver, considerar, aceptar la realidad de cual de todas las partes de su cuerpo seria la encargada de merecer la primera línea en mi papel. La belleza de ese cuerpo lo relacione con la pintura del más hermoso ángel, claro que fue una definida relación y no una vulgar comparación; no me hubiese atrevido a hacerlo.Desconozco si increíble sea el adjetivo adecuado para la desnudez que ese desarrollado cuerpo mostraba pues este parecía ser virgen a la mano del ser humano, ese humano masculino que solo la usaría para un vulgar contacto sexual.Los ojos no parecían mirar a ninguno de los presentes, tampoco se distinguía si estaban concentrados en algún punto fijo de la habitación, que cabe mencionar poseía grandes puntos de distracción como oleos, esculturas, alguna ventana y varias manchas de humedad en las paredes.Su piel parecía haber sido sacada de la inspiración de un poeta del siglo XVI. Las uñas solo comparables con el reflejo del espejo más puro, en que veía reflejado todos mis deseos. Las piernas, de mármol perfectamente pulido ya que no había distorsión anatómica visible. Los pies eran de una suavidad que solo caracteriza la primera ventisca de la mañanaque dulcemente despabila nuestros sentidos sin aturdirnos.Las curvas de las caderas me producían una inconmensurable atracción. La forma corporal mas atractiva que jamás pude ver y que nunca, y me tiene sin cuidado que pienses que exagero, había intentado retratar.En la cintura descansaban mis miradas mas intimas he intente adivinar que también lo hacían las del pasado, que nunca pudieron mas que mirarla. El espíritu (a lo mismo que el suave perfume) parecía elevarse por el aire que ligeramente asimilaba en mis pulmones. Los senos, intocables y solitarios, perfectos de principio a fin; la satisfacción de verlos me sonrojaban el alma al punto de convertirme en el desnudobajo la observación de extraños.La claridad de su vientre se convirtió en el eterno aposento donde deseaba dormir, mas allá, la oscuridadde su alocado sexo resaltaba mi nerviosismo y el placer de dibujarlo repetidas veces, con la única excusa de mirarlo. La boca era una perfecta alineación de cirugía pero extraordinariamente natural, en la cual tuve que esforzarme al máximo en mi condición de artista.Las pequeñas orejas se mostraban chispeantes detrás de un pelo lacio, no muy largo. El color del cabello no pertenecía a ninguno de los que poseía en mi maletín. Dudo que algunos de los presentes conociesen ese color. La nariz era tan excéntrica que reflejarla en mi papel parecía misión de dioses, esos mismos que alguna vez tuvieron la divida magia de crearla. Los ojos poseían un brillo que deseaba, con todo el regocijo que un artista como yo puede sentir, retratar en lo íntimo. Si bien ese brillo parecía iluminar la habitación, el generador se encontraba en una dimensión paralela a la que conocemos.El retrato iba desarrollándoseplacentero y dulcemente extenuante cuando lo inédito sucedió. Lo facial de sus labios comenzó a moverse y sin que nadie haga objeción alguna por perturbaren la realización de la pintura, ella comenzó a narrar una historia. La historia tenía insospechadas variantes y aunque parezca fantástico y paranoico todos pasamos de ser dedicados artistas a convertirnos en atraídos oyentes.Lo extraño y atenuante fue que, por lo menos yo, seguía en el acto de retratar la belleza ya descripta al mismo tiempo que me hundíadentro de la historia que la joven narraba. Sin mirar a los ojos de nadie.La sesión artística se había extendido lo suficiente para así reflejar en mi pintura todo lo que estas leyendo; con una exactitud de detalles que nunca creí mostrar en alguno de mis trabajos. La historia contaba un sinnúmero de desventuras amorosas de parte de los más groseros seres masculinos, que la habían empujado a la tristeza y a la máxima expresión de la melancolía.En el preciso instante en que la narración llegaba al extremo de agonía sentimental, la joven comenzó a llorar. Lo salino de sus lágrimas se percibía en el aire y en el más tosco olfato. Comenzaron a bajar por mejillas, rodearon los límites de su nariz y rozaron los labios que suavemente se movían (contando la historia que no parecía terminar).Las lágrimas comenzaron a humedecer su cuello y buscaban un destino que para nosotros era desconocido. Recorrieron sus pechos tan despacio que llegue a desear, por un segundo, mi muerte y reencarnación en una de sus lagrimas. Lo ambicioso de mi imaginación deseaba que estas siguieran bajando hasta descansar en el punto exacto de su… pero la física no fue buena conmigo, ni con ninguno de los presentes que deseaban lo mismo que yo, esquivaron el ombligo y cayeron por el costado izquierdo de su delicado y liso vientre hasta llegar al suelo. Cuando esto sucedió la tristeza nos acaparo a todos.Comenzamos a llorar, como infantes, mientras ella decía las últimas palabras que daban forma a su historia. Terminados los dibujos, exhaustos por la mística experiencia, ella se incorporo y camino entre nosotros, todavía desnuda. Cuando llego a mi lado observo la pintura, que en realidad le pertenecía a ella. El tiempo que tardo en visualizarla fue tan perfectamente fraccionado siendo el mismo que uso para ver las demás trabajos. Por un instante me miro a los ojos y no logre ver destello alguno al mostrar lo humilde de mis lágrimas. Volvió a pasar por nuestro lado besándonosla mejilla, muy cerca de nuestras de la boca, llevándose el gusto de cada uno. Al sentir su humedad en mi piel logre comprender el significado de la palabra arte. Clasifique al retrato como el mejor que había realizado.La celestial modelo, a la que nunca le conocimos el nombre, se vistió y se fue tan misteriosamente como había llegado. La comparación de los retratos resultaron ser copias exactas de la joven al punto de simular ser trabajos de un mismo artista. Y cabe recalcar que todos poseíamos estilos diferentes.El retrato lo coloque en la pared de mi habitación, frente a mi cama. En las noches de vigilia lloraba en soledad por no saber como hacer para volver a verla. Al igual que yo, ninguno de los artistas presentes ese día, pudo volver a manifestar su gracia.Cada uno la busca de la forma que puede y por lo menos yo necesito encontrarla para preguntarle (mientras ella seca mis lagrimas con sus labios) ¿ Porqué no puedo dibujar mas o porqué no puedo dejar de llorar.Encontrarla y pedirle que me ame ya que yo no he dejado de hacerlo desde que la conocí. Para realizar un retrato feliz (sin lagrimas) que sea el reflejo de nuestra vida juntos.La búsqueda termino.A un año, exacto, de El Retrato Original la joven modelo se hizo presente. Cuando me vio se acercó cerró los ojos y me beso en los labios. El beso más dulce, suave y sincero que me hallan dado. Beso eterno que nunca pude olvidar y que nadie puede imaginar, ni siquiera vos, por lo indescriptible de su…El día que me beso fue en el velatorio de mi muerte.Fue un beso de despedida

 
 
Cain